RECTOR MTRO. DAVID FERNÁNDEZ DÁVALOS

75 AÑOS DE SER UNA UNIVERSIDAD TRANSFORMADORA

David Fernández Dávalos

Una universidad jesuita es siempre una universidad histórica, esto es, conformada en su identidad y sus funciones según las exigencias de la concreta realidad en la que se inserta. Esto quiere decir que no existe un modelo único de universidad jesuita, ni los modelos que existen lo son de una vez para siempre. La calidad e idoneidad de una institución universitaria de la Compañía de Jesús se mide, consecuentemente, en relación con la respuesta que da a las necesidades históricas del entorno en cada tiempo y lugar, es decir, por un criterio esencialmente político de pertinencia social. El saber que una universidad así cultiva es siempre un saber situado y crítico, cuya orientación central es la justicia y la vida verdadera para todos y todas.

La universidad ignaciana tiene, pues, la experiencia histórica de la realidad que la rodea y experimenta frente a ella la exigencia ética de trabajar para transformarla. En nuestro país, esa realidad la hemos experimentado como injusta e irracional, y la exigencia ética la vivimos como el impulso a trabajar a favor de aquellos cambios que propicien una realidad más justa, solidaria, libre, incluyente, productiva y racional. Esto lo queremos hacer universitariamente, y con espíritu cristiano.

Una universidad jesuita será entonces mejor universidad en la medida en que entienda mejor la realidad en la que se inserta y contribuya a transformarla con mayor eficacia desde el saber humano todo y a través de sus funciones sustantivas. Una universidad de la Compañía será de mayor calidad en la medida en que forme a los profesionales que la sociedad necesita para edificar y animar una sociedad más humana, más pacífica, más solidaria y equitativa. La calidad académica de una institución ignaciana será mayor en tanto sus conocimientos y saberes surjan de la realidad social a la que se debe y respondan de manera más adecuada a las necesidades que esa realidad le plantea. Una universidad nuestra será excelente académicamente cuando su docencia, su investigación, su vinculación social y la innovación que realiza sean pertinentes socialmente: transmitir, construir, gestionar, conocimientos que tengan que ver con la concreta realidad socio-profesional de las carreras, con la particular realidad sociopolítica del país, y con el proyecto futuro de nuestros pueblos. Una universidad de calidad es, pues, aquella que es pertinente para el entorno, para su contexto concreto, desde un saber riguroso, avanzado, crítico y flexible.

Estos presupuestos, emanados de las orientaciones de la Compañía de Jesús para sus obras educativas, han estado a la base del desarrollo de nuestra Universidad durante sus 75 años de trayectoria y estarán igualmente presentes nuestra planeación al 2030. Son, en realidad, el horizonte de sentido en el que desarrollamos nuestra tarea universitaria.

 

Nuestra Universidad cumple en estas fechas su 75 aniversario. Es decir, la Ibero es una Universidad consolidada, pero todavía joven, si la comparamos con las universidades más prestigiadas en el mundo. Tiene actualmente poco menos de 13,500 estudiantes –once mil  de licenciatura, unos 1,400 de posgrado, cerca de 400 del nivel Técnico Superior Universitario (TSU) y más de 600 en preparatoria-. Tenemos ahora 34 programas de licenciatura, 42 de posgrado y 5 de TSU.

 

La Ibero CDMX cuenta en su historia con más de 70 mil egresados que son reconocidos en todos los ambientes en todo el país. Nos enorgullecen particularmente aquellos y aquellas que tienen un impacto en el mejoramiento de la sociedad, en la innovación y en general en la elevación de los niveles de vida de toda la gente.

 

La Ibero Ciudad de México es una gran universidad. Es una institución de inspiración cristiana, confiada a la Compañía de Jesús, comprometida socialmente, y que pretende apoyar a los jóvenes en su formación como personas y como profesionistas.

 

A propósito de este aniversario recomiendo releer el Ideario de la Universidad Iberoamericana para refrescarlo y constatar que nuestra inspiración ha permanecido felizmente intocada. En la Ibero Ciudad de México le apostamos a una pedagogía en libertad, a un claro compromiso social y a una inspiración cristiana que lleva a la apertura a los demás y al deseo de transformar este mundo para hacerlo más equitativo, más humano, más como Dios lo quiere, porque Dios es Padre-Madre de todos y todas.

 

Mi deseo es que la Ibero pueda contribuir efectivamente a la formación humana y profesional de las nuevas generaciones. Que quienes somos personal administrativo y docente vayamos desterrando prácticas aún existentes que refuerzan la intolerancia, el elitismo, la exclusión, la denigración de nuestras potencialidades, la colonización intelectual y cultural, y reforcemos, en cambio una cultura y un pensamiento propios que sirvan a nuestros intereses como país, hagan homenaje a la tolerancia y el respeto, propicien la colaboración, nos abran sin sucumbir y nos conduzcan, finalmente, a la edificación de un mundo compartido por todas y todos, en donde la justicia y la compasión se queden a vivir entre nosotros.

 

La Iberoamericana es una gran universidad. Felicitaciones a todos y todas.

Ciudad de México, marzo de 2018